La importancia de enseñar la teoría de la evolución

Young Earth

En las últimas décadas, especialmente en los Estados Unidos de América, se ha extendido ampliamente el pedido de muchas comunidades, especialmente religiosas, para que el creacionismo se enseñe en las clases de ciencia, a la par que la teoría de la evolución de Charles Darwin.

A pesar de que nadie duda del derecho que tienen todas las comunidades de querer transmitir a las siguientes generaciones sus valores y creencias en materia de religión, incluso dentro del sistema educativo público, la enseñanza del creacionismo dentro del programa de ciencias presenta una serie de importantes dificultades que no deben pasarse por alto.

Uno de los principales problemas que esta práctica implica es que dificulta la educación científica dentro de la población general. En los Estados Unidos, por ejemplo, alrededor de un 47% de la población cree en la teoría de la “Tierra joven”, la cual también es impulsada por quienes abogan por la enseñanza del creacionismo en las clases de ciencias. Esta teoría, que afirma que nuestro planeta no tiene más de seis mil años de antigüedad, es definitivamente incompatible con todo lo que la ciencia moderna considera hechos probados.

En este sentido, quienes se oponen al creacionismo creen que una población que ignora las bases más fundamentales de las ciencias físicas y naturales, muy difícilmente pueda comprender hechos y teorías más complejos que se basan en ellos.

La teoría de la evolución, incluso con todas las modificaciones y avances que ha vivido desde su postulación en el siglo XIX, es una de las que goza de mayor consenso dentro de la comunidad científica internacional. Es por ello que, si ésta se enseña en el mismo contexto que las verdades reveladas de la religión, se está privando a la sociedad de la base sobre la cual los científicos e investigadores del mañana podrán hacer su contribución al avance del conocimiento humano.