William Lane Craig es, posiblemente, el apologista cristiano más influyente de la actualidad. Su estrategia no se basa en la fe ciega, sino en el uso de silogismos filosóficos y conceptos científicos para intentar demostrar la existencia de un creador. Sin embargo, un análisis riguroso revela que sus argumentos suelen basarse en premisas dudosas, malentendidos de la física moderna y falacias lógicas sofisticadas. En este artículo, desglosamos las debilidades de sus defensas más famosas.
El argumento estrella de Craig se resume así: 1. Todo lo que comienza a existir tiene una causa. 2. El universo comenzó a existir. 3. Por lo tanto, el universo tiene una causa.
La primera premisa se basa en nuestra intuición cotidiana, pero la mecánica cuántica sugiere que a nivel subatómico ocurren eventos sin causas deterministas (como el decaimiento radiactivo). Además, incluso si el universo tuviera una causa, Craig da un salto lógico injustificado al afirmar que esa causa debe ser un ser personal, inteligente y eterno. Una "causa" no implica un "diseñador"; podría ser un proceso físico aún no comprendido.
Craig argumenta que las constantes físicas del universo (como la gravedad o la fuerza nuclear fuerte) están tan precisamente calibradas para la vida que la única explicación lógica es el diseño inteligente.
Afirmar que el universo fue "ajustado" para nosotros es como si un charco de agua pensara que el agujero en el que está fue diseñado exactamente para su forma. No sabemos si otras constantes permitirían formas de vida diferentes. Además, la hipótesis del multiverso ofrece una explicación naturalista: si existen infinitos universos con diferentes constantes, no es sorprendente que nos encontremos en uno que permite nuestra existencia.
Craig sostiene que si Dios no existe, los valores morales objetivos no existen. Como creemos que la moralidad es objetiva, concluye que Dios debe existir.
Este argumento ignora que la moralidad puede explicarse a través de la evolución biológica y el desarrollo cultural como una herramienta de cooperación. Además, Craig cae en el dilema de Eutifrón: ¿Es algo bueno porque Dios lo manda, o Dios lo manda porque es bueno? Si es lo segundo, la moralidad es independiente de Dios. Si es lo primero, la moralidad es arbitraria y depende del capricho de una deidad.
Craig utiliza el "método de los hechos mínimos" para afirmar que la resurrección de Jesús es la mejor explicación histórica para el sepulcro vacío y las apariciones post-mortem.
La historia se basa en probabilidades. La probabilidad de que un cadáver vuelva a la vida es, por definición, menor que cualquier otra explicación naturalista, por improbable que parezca (robo del cuerpo, alucinaciones colectivas o mitificación del relato). Craig intenta elevar un relato teológico al estatus de hecho histórico comprobado, violando el principio de que afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias.
Craig utiliza la versión de Alvin Plantinga del argumento ontológico, que se basa en la lógica modal para afirmar que si es "posible" que un ser máximamente grande exista, entonces debe existir en todos los mundos posibles, incluido el nuestro.
Este argumento es esencialmente un truco lingüístico. Definir algo como "existente por necesidad" no garantiza su existencia en la realidad. Siguiendo la misma lógica, uno podría definir un "ser máximamente malvado" o cualquier otra entidad fantástica. El consenso filosófico desde Kant es que la existencia no es un predicado o una propiedad que se pueda añadir a una definición para hacer que algo aparezca en el mundo real.
Frente al sufrimiento gratuito y los desastres naturales, Craig suele refugiarse en que "los caminos de Dios son inescrutables". Sin embargo, esta es una claudicación intelectual.
Si un ser es omnipotente, omnisciente y sumamente bueno, el mal gratuito no debería existir. La defensa de Craig de que Dios permite el mal para un "bien mayor" que no podemos comprender hace que la moralidad divina sea indistinguible de la maldad pura desde nuestra perspectiva humana. Un argumento que requiere suspender el juicio moral humano para salvar la imagen de la deidad carece de valor racional.
El trabajo de William Lane Craig es un ejemplo sofisticado de racionalización: el proceso de encontrar "razones" para justificar una conclusión que ya se ha aceptado de antemano por fe. Aunque sus debates son espectáculos de técnica oratoria, sus argumentos se desmoronan bajo el escrutinio del método científico y la lógica formal.
Para el escéptico, la carga de la prueba sigue recayendo en quien hace la afirmación extraordinaria. Hasta que Craig o cualquier otro apologista presente evidencia empírica que supere el umbral de la duda razonable, sus silogismos seguirán siendo castillos de naipes filosóficos. La fe puede ser una opción personal, pero no puede disfrazarse de ciencia ni de lógica irrefutable.
Nota editorial: Este contenido corresponde a un texto previamente publicado, recuperado y actualizado para su correcta preservación y lectura actual. La autoría intelectual pertenece a sus creadores originales; esta plataforma actúa únicamente como repositorio y medio de difusión.